18 de enero de 2009

La Espera


* Texto rescatado y republicado a petición de M.M. y G.J.

Observado por el ojo de Polifemo que colgaba en la pared, me podía más el pensamiento de los minutos que habían pestañeado sin su sonrisa, que el de las eternidades que me quedaban por vivir con Eva aquella noche. Soy así, no puedo evitarlo, sé de memoria el símil de la botella medio vacía y medio llena, pero la realidad más palpable en aquel momento –extenso, indeciso, de posturas ya imposibles- era que, precisamente, ese misma botella que tenía delante, entre mis codos apoyados en la mesa, estaba a punto de correr la misma suerte de la anterior: acabarse y ser sustituida por un ansia con la que, realmente, poco tenía que ver la sed.
En la mesa contigua reposaba su desgana una mujer en sus 40, con los ojos fijos en una servilleta que sus manos despedazaban al ritmo de una rabia que procuraba dejar en cada recorte. Permanecí en su belleza olvidada unos instantes, distraído, como el que mira sin ver… Sin embargo, se abrió un paréntesis entre ella y yo, dos náufragos en el archipiélago desierto que conformaban los muebles de bar. Su mirada cazó la mía al vuelo, llevándome en una dirección que no esperaba…
La frialdad no tenía espacio en aquellas pupilas, ni en la persona que las lucía, sino que la reverberación de la luz en su brillo marrón sirvió para destapar dos túneles a un mundo particular y tibio, dos flores erguidas ante las heladas, un par de faros para el caminante, el perdido y el desconsolado, un par de astros con luz propia aún por descubrir por algún decidido mago de la ternura… Dejó de mirarme para volver a la tarea de sus ansiosas manos y allí me quedé, sin luz (ella se la había llevado con el movimiento de su cabeza), sin aire (ella había cerrado las ventanas de sus párpados), sin alma (ella se la había escondido en el gesto de colocarse el cabello tras la oreja) … y sin cerveza.
Ante este vacío que se abría ante mí, me levanté, sonámbulo, y me senté con la mujer que acababa de sonsacarme la sorpresa de mi reacción. Pedí otra botella y, con gesto casi imperceptible, ella me dijo que se dejaba invitar. Yo estaba ciego de palabras y mudo de ideas, pero fue ella la que empezó a hablar, a contarme días y noches, deshilachando las costuras de su vida, haciendo hincapié en las escasas risas de las que había disfrutado (quizás para revivirlas y, en esta ocasión, con alguien…) y ensartando sus infelicidades, igual que una niña con las cuentas de su collar, mirándolas como objetos frágiles, como verdades no del todo ciertas, pero que conformaban un conjunto muy real, que se aferraba, no sólo a su cuello, sino a su experiencia y a su piel algo cansada.
En cuanto a mí, sentía que podría no tener otra ocupación aquella noche que la de ser receptor de excepción de su voz, estaba fascinado con el recorrido de sus años y con mi propia perturbación ante su historia y sus manos, que acompañaban el gesto ordenado e incitante de sus labios. Percibía la afinidad que se había adueñado de los dos, convirtiéndonos en el blanco y el negro de la fotografía de aquel momento, en dos extraños que se conocen desde hace una vida, en los desconocidos que coinciden cada noche en la barra del pasado y del presente, intentando vislumbrar el futuro en alguno de los ceniceros…
Me preguntó si tenía tiempo para otra cerveza, le contesté que estaba esperando a alguien. Ella me dijo que también esperaba a alguien, pero que era absurdo, que no sabía por qué seguía haciéndolo, que si le fuera posible, algún día, si aparecía…
-“¡Hola!, ¿hace mucho que esperas? Perdona, pero me entretuve con Lidia y sus historias, ya sabes…”
La voz de Eva rodó por mis oídos, llegándome a los hombros en forma del dedo que te avisa de que ha llegado la hora de levantarse de la sobremesa, del cálido sofá, del regazo de la dulce mirada que me había acunado y acariciado durante casi toda la tarde. No quería irme, me negaba a abandonar el paisaje que habíamos pintado ella y yo, a desbaratar el sueño de dos individuos que se encuentran en mitad de un océano de gente y en mitad de un mar de tiempo… “Algún día, si aparecía…” En esas palabras pensaba yo aún…
-“¿Has pagado ya?”, me preguntó Eva.
-“Eeeh, sí, sí, ya está…”
-“Pues vamos, que, si no, no llegaremos…”
-“Gracias por la cerveza”, me dijo la mujer, fugaz.
-“De nada, ha sido un placer”, contesté yo, lento, muy lento…
-“Quizás nos volvamos a ver por aquí”, sugirió ella.
-“¿Crees que, pese a todo, volverás a esperar?”, insinué yo.
-“Creo que, a partir de ahora, la espera será distinta…”, contestaron su boca y sus ojos.
Le sonreí, me volví hacia la puerta, en la que ya me esperaba Eva, impaciente e interrogativa, miré de nuevo el ojo de Polifemo, escrutador desde su pared, y le guiñé uno de los míos, comprendiendo que la vida hace mucho por la vida misma…

(Raquel T., incluido en Inventario de (humanas) existencias.-, 2009)

19 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias chiqui, sabes que nos gusta mucho esta historia tuya por las razones ya conocidas. Sigue escribiendo Ra, en verso, en prosa o como quieras, pero sigue, porque nos haces felices.
Besitos de los cuatro.
M.M.

TORO SALVAJE dijo...

Muy buen relato. Buenísimo.
No me extraña que te pidan su republicación.
Me ha encantado.

Besos.

ybris dijo...

Sabía que hay esperas diferentes según el grado de esperanza o desesperación que incluyen.
Pero pocas veces he sabido que hay un modo tan hermoso de decirlo.
Precioso rescate este.

Besos.

Arantza G. dijo...

Si no sabes decidirte por cómo está la botella...vacíala. Así no hay dudas. Está llena de aire.
La soledad nos hace entregarnos al vacío con la esperanza de que haya
una red para recogernos.
Un besote grande

Yurena Guillén dijo...

Raquel, me ha encantado este fragmento en el que describes de manera sublime un encuentro casual marcado por la espera, por la esperanza... Y sí, muchas veces, la vida hace por la vida misma.
Un abrazo.

siempreconhistorias dijo...

Muy bueno y muy bello, princesa, menos mal que te lo pidieron. La voz cambiará las esperas como tus letras cambian las mías, admirada niña. Gracias por el relato.
Gracias por todo.
Un beso:
Izaskun

Antonio Castellón dijo...

Emocionante, Raquel, simplemente emocionante, nada más y nada menos que... eso.
Supongo que ahí es donde se nota el calibre de una voz, de una voz que escribe: en saber coger, atrapar el momento, ordinario, superficial en apariencia, y hacer que su brillo oculto quede impreso, expresado, escrito.

Te soy sincero: escritos como éste tuyo hacen que uno recupere el placer de la lectura. Me alegro mucho de que lo hayas rescatado, porque hubiese sido una pena perdérselo.

Lástima que el Polifemo no se parase...

Un abrazo lleno de gracias (las que te mereces).

SÓLO EL AMOR ES REAL dijo...

Deliciosas letras!

te bendigo en paz&amor

Isaac

Raquel T. dijo...

M.M.
Gracias a ti por compartir años y vivencias, gracias a los cuatro por compartir una familia. Te veo pronto, os veo pronto. Besos y tonets a las dos hadas...
Toro:
Gracias, amigo Toro, no sabes qué sonrisa enorme se me dibuja cuando me dices que te ha gustado la lectura. Es estupendo que estés, y que siempre lo hagas. Gracias por ser tan tú.
Abrazos constantes... y "sonantes" ;)
Ybris:
Amigo Ybris, cuando llegué a tu casa descubrí un hogar de puertas abiertas a la sensibilidad, la percepción y a una amplia visión de la vida, y todo eso es lo que siempre traes a este rincón. Éso también es hermoso.
Gracias por tu presencia, por todo...
Arantza G:
No le falta razón a tu afirmación sobre la soledad, querida poeta: es ella la que, con frecuencia, borra discernimiento, ilusión e, incluso, forma de ser. Pero no menos cierto es que la red está extendida y, de hecho, siempre lo ha estado, así que ¿acaso es que nos da miedo saltar?... No hay que temer a la caída, sino a lo que, precisamente, dejamos atrás.
Abrazos de vuelo libre sin motor...

Raquel T. dijo...

Yurena:
Eso de sublime me ha llegado hondo, compañera, y más viniendo de una estupenda hacedora y contadora de historias como eres. Así que gracias por pensarlo y por decirlo, y gracias también por haberle encontrado el gusto a esta "Espera": me encanta que te encante, de verdad ;)
Abrazos mediterráneos para un espíritu atlántico...
Izaskun:
A cada una de tus palabras, estás cerquita, cerquita, y mi sensación es la de esa inquietud dulce que invade a medida que se descubre una alegría esperada en su certeza, pero inesperada en su conetenido. Y, por fin, toda una reina, aquí, en mi rinconcito... Me alegra mucho que estés, Izaskun, me alegran tus letras y tu forma de contar y sentir, y me alegra compartirlas contigo. Así que también gracias a ti, por todo... ¡y por coronarme ;)!
Abrazos, muchos, todos...
Antonio:
Creo, también yo sinceramente, que nunca antes había hallado a alguien (y, sobretodo, en cuanto a estas nuestras letras se refiere) que pusiera tanto de sí en lo plasmado, que expusiera su alma tan y tan bien en lo escrito, así, tal cual es, tal cual vive. En ese sentido, amigo Antonio, también creo que tu voz, tu manera de contemplar los momentos y las vivencias, tus sensaciones al moverte por lo que te envuelve, son extraordinarias, serenas, muy, muy claras, cristalinas, diría, y muestran un alma tan hecha de sentimiento, que es absolutamente fácil dejarse llevar por ella y por lo que cuenta. Gracias por tus palabras, amigo Antonio, y por tu ser, porque escasean espíritus como el tuyo.
Y aunque Polifemo no se pare, seguiremos por ese camino que tanto trae y lleva ;)
Abrazos cálidos para ese cuaderno nocturno...
Isaac:
Tus palabras y tus visitas sí que son deliciosas bendiciones, también ellas contribuyen a esa paz y ese amor que siempre me dejas. Gracias, y muchas, por ambas.
Abrazos de luz y colores claros...

JuanR Cuchhi dijo...

me quede perdido en unos instantes al acabar el relato...me sentí naúfrago del mueble bar.

que placer .

besos.

sergio astorga dijo...

Raquel, como la cita que tienes de Benedetti "el futuro se acaerca a conocerte"
Los encuentros y desencuentros florecen por imaginativos.
Un abrazo y un guiño.
Sergio Astorga

SÓLO EL AMOR ES REAL dijo...

Como no has actualizado
pues aprovecho esta visita
para dejarte
mucha paz y mucho amor
y tomar
algo de tu luz

Isaac

Gárgola dijo...

La espera puede ser la metáfora de la esperanza, de la expectativa y de la vida misma. Quizás, cuando esperamos estamos construyendo nuestro porvenir mucho más que la imagen estática puede transmitir. Las evocaciones de las entrelineas y los recorridos imaginados, es lo que nos regalas con tu escrito, que como siempre no me deja indiferente. Este me hace volar y pensar en Pessoa ‘todo vale la pena, si el alma no es pequeño’. Raquel, siempre te voy a agradecer los bellos momentos que nos proporcionas.

besos

MentesSueltas dijo...

Sólo paso a dejar un beso y me retiro en silencio...

MentesSueltas

Raquel T. dijo...

JuanRa:
Pues no te muevas de esa isla, amigo JuanRa, que voy pronto a buscarte y, aprovechando la cercanía de la barra, remojamos el rescate ;)
Gracias por el instante fresco, las palabras que animan y tu amistad de carne y hueso.
Abrazos para el archipiélago desde un mar antiguo...
Sergio:
Cierto que, curiosamente, en encuentros y desencuentros tiene mucho que decir la imaginación, y es así incluso para el devenir, porque no deja de ser fascinante cómo los hilos de nuestros pasos se tejen y "destejen", hallan y "deshallan", en un inmenso mosaico de piezas que encajan y desencajan. Yo estoy feliz porque la "inmensa madeja" ha unido aquí nuestros cabos, amigo Sergio.
Abrazos de punto de cruz... ;)
Isaac:
Gracias por parar a reposar de nuevo en esta casa y dejarme mucho más de todo lo bueno de tu alma. Y por supuesto, puedes llevarte toda la luz que quieras, Isaac ;)
Abrazos, más...

Raquel T. dijo...

Gárgola:
La espera es la mano de obra de la esperanza, sí, y construye, según los planos que ésta última le dicta, el edificio en el que reside nuestra voluntad de cambios para un mañana bajo un nuevo techo. Y digo voluntad, amiga Gárgola, porque creo que la espera no debe ser la pasividad de ver el mundo girar para comprobar qué deja en nuestra puerta, sino que pienso que la espera debe ser activa, configurarse como un imperceptible movimiento hacia adelante de la expectativa que ponemos en lo que pretendemos que sea diferente a partir del minuto siguiente.
Gracias siempre por tu presencia y tus palabras, Gárgola, que tanto traen aquí, que tanto dejan aquí. Tanto una como las otras también protagonizan momentos infinitos y generosos en estos Bagajes.
Abrazos, muchos, con cariño, mucho...
Mentes Sueltas:
Me quedo con el beso, y te devuelvo otros dos. Tras él, permito que vuelvas a tu hogar ;), pero con la promesa de volver que me haga ese silencio tuyo.
Abrazos de regreso, siempre que quieras...

SÓLO EL AMOR ES REAL dijo...

Sigues sin actualizar!! Sin regalarnos tus bellas letras...

Y entonces nuevamente te dejo acá un corazón

paz&amor

isaac

Raquel T. dijo...

Isaac:
¡Y gracias de nuevo por tu corazón y tu paz! Qué estupendas tus visitas y las huellas que dejas en esta casa. Respecto a mis letras, ahora ando algo absorbida por asuntos mundanos, pero pronto, como bien dices, me dispondré a actualizar ;)
Abrazos elevados al cubo...

Gracias al amigo Antonio y a su Cuaderno Nocturno
Gracias al amigo Beeril y a su Irlhadia