2 de febrero de 2012

IN MEDIA RES



"El hombre, y la humanidad por extensión, suele guardar en el baúl de la cobardía el oro de ley de los valores eternos y pone en circulación el níquel de los antivalores del tiempo."
(fragmento de Diario del 68, de Miguel Torga)

Nada es del hombre en el hombre,
sólo la oportunidad de olvidar que
es ceniza,
sólo la disposición del bípedo,
que le eleva el latido
al horizonte,
sólo un vivir innato
e irreversible, que acepta la verdad
de subir la cuesta.

Nada es de ti en ti,
porque es hecho demostrado
que la huella del reloj
ha de guiar tus pasos.
Porque el frío de una ráfaga
se quedará en tu alma
un día,
y te sentirás indispuesto
para el viaje,
porque no estarás listo
para dormir en la piedra.

Nada es nuestro en nosotros,
salvo el barro ligero
que nos envuelve,
salvo el llamar pan
a lo más querido,
salvo la sensatez del momento
en que nos llamamos "yo",
salvo el asfixiar el instante
de la cobardía,
sabiéndonos pretensión de existencia
y exotismo de un milagro.

Nada es mío en mí,
pero saber que no
me resigno al no puedo
es como mirar muy fijo
al dios en miniatura
de tus pupilas.
Nada es mío en mí,
pero digamos con voz propia
que somos sujetos
de los predicados
que hemos escogido,
sin aprender la gramática infernal
del miedo.
Nada es mío en mí,
excepto aquello invisible
que hace dudar
al mismísimo tiempo:
que no debemos perder la vida
antes de nacer.

(De la serie El yugo invertebrado, de Raquel Torres)

(Imagen: Ken Weissblum)

5 de julio de 2011

METAMORFOSIS DEL RENGLÓN



Despierte el verso,
agente de cambio
entre el compromiso
de la palabra apoyada
en el hueco de la
humanidad
(fundo letras, que después
desdoblo...)
y el hecho inhumanamente
comprometido
(la hierba no se sabe verde,
se piensa verde...).

Despierte el verso, pues,
porque hemos olvidado
nuestra imagen y semejanza
con la brevedad de la
costilla humana,
con el instante en que
pretendemos
la eternidad.
Y en verdad se os dice
que así sólo enjuagamos
con lamentos
nuestros trapos sucios.
Y en verdad se os dice
que así sólo digerimos
trivialidad,
aniquilando sonidos
para no llegar
al vocablo
(el que proclama,
nada tiene que decir...).

Sostengo: despierte el verso,
para izar el amanecer
al aire de la sangre
hundida en la tierra,
raíz de ceniza latente.
Para inventar la estrofa
que diga hombro,
llave, rostro,
pleamar, hambre de luz...
Para decir que la cobardía
es un lujo que no puedo
sentar a mi mesa,
dispuesta con puchero
de cielo raso
y tajadas
de ancho río.
Para atusarme cada día
el alma con dedos
de prójimo y de árbol perenne.
Para abrir las puertas
y las incertidumbres
con la prisa y la brisa
de los que queremos residir
en la sorpresa del libre
y en el dogma del abrazo.

(Raquel T. 04/07/2011)

(Imagen: "A clockwork orange", de Domen Lombergar)

1 de marzo de 2011

INMENSOS



El alma huye inquieta del hambre

para llamar a una multitud

en la que la humanidad

no se quede hundida

en labios que predican a un dios

hecho de rezos industriales,

Cordero de la conveniencia,

bondad sentada a la mesa

del hartazgo y de las sobras

alimenticias de la hipocresía.

Y mientras, nos desayunamos

el vicio de la moral,

café capitalista adecentado

con compasión de escaparate,

con buena voluntad de estampa

y de ceniza.

De manos anuladas está hecha

la intención desordenada,

escarcha a las puertas

de paraísos apostólicos,

habitados por miserias ideológicas.

Los ojos civilizadamente cerrados

pervierten la claridad

del latido humano,

que se pierde en constelaciones

cerradas por reformas,

en la tierra escondida tras el espejo

de la estadística y el vértigo absorto,

en otros ojos, en los que la luz

saja el grito del mutismo,

en los que la mirada

encierra en su puño

un latigazo al alma,

un golpe al analfabetismo del porvenir:

lo inmenso de una verdad

derramada en la nuestra.

(Raquel T., 15/08/2010)

Imagen: Un niño refugiado birmano busca restos que venderse aún en un basurero de la ciudad tailandesa de Mae Sot. NARONG SANGNAK / EFE

10 de agosto de 2009

Concreciones



El idioma de tu pecho,
que articula rescoldos abiertos,
que pronuncia abrazos de riberas perdurables,
me cuenta de la iniciación al arroyo claro
de tu lengua en gerundio,
de la V de tu vientre de oro viejo,
de la R, cobijada en el templo de tu encía,
de la LL de tus piernas, calles firmadas
por el viento,
injertos de porcelana,
fusiles erguidos,
aradas de costado para este mujik
con vilo en el verso, de piedra asediada.

El idioma de tu pecho,
que desata la tinta del crepúsculo,
que nombra palabras segadas de sombra,
me cuenta del presagio de la ortografía
de tus labios de álamo imprevisto,
del paréntesis de tus caderas de untuosa inmortalidad,
de la B de tus senos, jornales de tierra devota,
de la I de tu espalda de atardecer
en el mar de Krahe,
surco de llamas fecundas,
cañada abierta a mi aliento,
dicción de tuétano,
extensión de patria dilatada para esta voz
de tejido callado, con sordina en la entraña.

El idioma de tu pecho,
que dice sintaxis del obrero y vocales para siempre,
que anuncia diálogos de carne amarrada,
me cuenta de la turbulencia sagrada
de tus brazos poblados de cauces y memoria,
de la T de tus hombros de barbecho prolongado,
de las tildes de tus cejas, acentos de olivo,
de la M de tus manos, gramáticas desnudas
ante mi hambre de caricia hincada,
moradas de mi cuerpo agraz y andante,
puertas candeales a mi renglón sin vocación,
léxicos lentos en mi horizonte,
pronombres en el limbo temporal para esta alma de suelo,
queriéndose en el Braille sin quiebra
de tu piel.


(Raquel T., 2009)

Imagen: Two windows.- Ken Weissblum


Gracias al amigo Antonio y a su Cuaderno Nocturno
Gracias al amigo Beeril y a su Irlhadia